La historia de Syros comienza en las profundidades de la prehistoria. Ya en el III milenio a. C., el asentamiento proto-cicládico de Chalandriani y el Kastri fortificado atestiguan una sociedad floreciente, marcada por las célebres vasijas «en sartén» y los ídolos cicládicos.
En época clásica la isla participa en la alianza ateniense y da a luz al filósofo Ferécides, maestro de Pitágoras. Siguen los siglos romanos y bizantinos, con las incursiones de piratas que empujan a los habitantes hacia el interior.
En 1207 Syros pasa a los venecianos, que afianzan el carácter católico de Ano Syros — una particularidad que perdura hasta hoy. Bajo protección francesa y papal, la isla goza de relativa seguridad incluso bajo el dominio otomano.
Su gran momento llega con la Revolución de 1821: refugiados de Quíos, Psará, Esmirna, Kasos y Creta se refugian en Syros y fundan la nueva ciudad, Ermoupoli. En pocas décadas se convierte en el primer puerto de Grecia y un gran centro comercial del Mediterráneo.
En el siglo XIX Ermoupoli es pionera: en 1823 se funda el primer hospital del país, en 1833 el primer instituto del Estado griego moderno, y en 1854 se construye el primer barco de vapor griego. Teatros, fábricas, bancos y mansiones componen una ciudad símbolo de la Grecia urbana.
El auge del Pireo a finales del siglo XIX reduce el poderío marítimo de Syros, pero la isla sigue siendo un centro administrativo, cultural e intelectual. Hoy Ermoupoli es la sede de la Región del Egeo Meridional y capital de las Cícladas, viva todo el año, con una rica tradición cultural y musical.