Entras por la puerta del recinto y el bullicio de Parikia se apaga de golpe. El sonido del mar queda atrás, la luz cae suave sobre el patio encalado y ante ti se alza uno de los monumentos cristianos en funcionamiento más antiguos de Grecia. No es una iglesita más de las Cícladas: es todo un conjunto sagrado que respira desde el siglo IV. Te detienes en el umbral de la Ekatontapiliani y comprendes de inmediato que has llegado a un lugar de memoria.
La leyenda de las cien puertas
El nombre parece un acertijo. «Ekatontapiliani» —la iglesia de las cien puertas—. La tradición cuenta que se han encontrado noventa y nueve puertas, y que la centésima, la oculta, solo se revelará cuando Constantinopla vuelva a ser griega. Es una leyenda que une el templo de Paros con la gran historia del mundo bizantino.
Los lingüistas ofrecen una explicación más terrenal: el nombre original, «Katapoliani», es decir, la Virgen que se encuentra «bajo la ciudad», cerca de la antigua acrópolis. Sea cual sea la interpretación, la palabra tiene algo de mágico. La pronuncias y escuchas siglos.
El origen imperial
La historia aquí comienza con grandes nombres. La tradición vincula la fundación del templo con Santa Elena, madre de Constantino el Grande, quien —se dice— pasó por Paros camino de Tierra Santa y prometió construir aquí una iglesia. Su hijo cumplió el voto en el siglo IV.
La forma que ves hoy se debe sobre todo al siglo VI, en época de Justiniano, cuando el monumento fue reconstruido con gran esplendor. Al caminar bajo la cúpula, sobre losas de mármol pariano, te encuentras dentro del mismo aliento arquitectónico que engendró Santa Sofía. No es una figura retórica: es la misma época imperial que dejó su huella en el Egeo.
Dicen que aquí se esconde la centésima puerta, y quien la busca, en realidad busca su propio tiempo.Tradición popular de Paros
El baptisterio y la cruz en el agua
Antes de irte, no te pierdas la pieza más singular del conjunto. A la derecha del templo principal se conserva un baptisterio paleocristiano, uno de los mejor conservados de todo el Mediterráneo oriental. En el centro, tallada en el suelo, una pila bautismal en forma de cruz.
Aquí, en los primeros siglos cristianos, los catecúmenos bajaban los escalones hasta el agua para ser bautizados por inmersión completa. Te detienes en su borde y por un instante el tiempo se condensa: diecisiete siglos de fe caben en esta pequeña cruz de mármol.
Un templo que aún vive
Lo más conmovedor de la Ekatontapiliani no es su antigüedad, sino que nunca dejó de funcionar. No es una pieza de museo tras un cordón; es la catedral de Paros, el corazón vivo de Parikia.
Si visitas la isla a mediados de agosto, verás el recinto inundado de peregrinos por la Asunción de la Virgen, la gran fiesta de la Panagía. Y el 15 de febrero Paros celebra la «Pascua Pariana», en recuerdo del hallazgo del icono. Ante el iconostasio, las velas parpadean como hace mil quinientos años.
Al salir de nuevo a la luz del patio, con el mar de Parikia brillando a lo lejos, comprendes que Paros no es solo playas doradas y noches cosmopolitas. Es también este silencio, construido en mármol y fe. Tómate tu tiempo, piérdete entre sus puertas; quizá, sin saberlo, tú también estés buscando tu propia centésima puerta.
Información útil
- Dónde: En Parikia, a pocos minutos a pie del puerto, en la entrada del casco antiguo.
- Qué ver: El templo principal de la Panagía, la capilla de San Nicolás, el baptisterio paleocristiano con la pila bautismal en forma de cruz y el pequeño Museo Bizantino en el recinto.
- Vestimenta: Como templo activo, exige vestimenta recatada: hombros y rodillas cubiertos.
- Cuándo: Las grandes fiestas son la Asunción de la Virgen (15 de agosto) y la «Pascua Pariana» del 15 de febrero. Las horas de la mañana ofrecen la visita más tranquila.
- Bueno saber: Respeta los horarios de los oficios religiosos; fotografiar el interior puede estar restringido.