Hay senderos que simplemente te trasladan de un punto a otro, y hay senderos que te hacen viajar en el tiempo. El sendero que une la cala de Otzias con Ioulida, la capital de Kea, pertenece sin duda a la segunda categoría. No es solo la ruta de senderismo más popular de la isla; es la columna vertebral de una historia que comienza en la antigüedad y continúa hoy, paso a paso, bajo la sombra de encinas centenarias.
En el bosque verde de Tzia
La ruta comienza cerca de la cala de Otzias, donde Kea revela su rasgo más inesperado: no es una isla árida, sino una isla boscosa. El sendero se adentra de inmediato en un denso bosque de encinas, las célebres encinas de Tzia que dan nombre al propio paisaje.
La sombra es fresca, el aire huele a tierra y a resina, y el canto de las cigarras llena cada pausa de tus pasos. Caminas sobre empedrados de piedra, trazados con la paciencia de los siglos, que ascienden suavemente entre muros de piedra seca y arroyos.
El guardián de la ciudad antigua
Hacia la mitad del recorrido, el paisaje se abre y ante ti aparece el León de Kea, una escultura monumental tallada en un único bloque de roca durante el periodo arcaico, en el siglo VI a.C. A diferencia de la mayoría de las esculturas de esa época, no se conserva en un museo; permanece allí, al aire libre, exactamente donde los habitantes de la antigua Ioulida la colocaron para proteger su ciudad.
El momento en que te detienes ante ella, con la vista extendiéndose hasta el Egeo, es de esos que te hacen comprender por qué sus habitantes eligieron precisamente ese lugar para construir su ciudad.
El León ya no protege una ciudad; protege un recuerdo, a cielo abierto desde hace veintiséis siglos.Tradición popular de Kea
Ioulida: una ciudad-fortaleza sobre la montaña
A medida que el sendero se acerca a su destino, el paisaje vuelve a cambiar. Ioulida no se parece a las típicas Cícladas blancas que imaginas; está construida en forma de anfiteatro sobre una colina, lejos del mar, con tejados de teja y casas que se abrazan unas a otras en callejones estrechos y cubiertos.
Esta elección no fue casual; sus habitantes construyeron la capital lejos de la costa para protegerse de las incursiones piratas, incorporando en lo más alto las ruinas de un castillo veneciano, edificado sobre el emplazamiento de la antigua acrópolis. Al subir los últimos peldaños, sientes que entras en una ciudad-laberinto que mantiene vivo cada estrato de su historia.
Una red que mantiene viva la tradición
El sendero Otzias-Ioulida no está solo; forma parte de una extensa red de cientos de senderos que atraviesan Kea, muchos de los cuales han sido restaurados y señalizados en los últimos años. Estos mismos empedrados eran utilizados por generaciones de habitantes para moverse entre aldeas, pequeñas iglesias y campos de cultivo.
Al recorrerlos hoy, no haces solo senderismo; continúas una ruta trazada hace siglos que permanece, gracias al cuidado de la comunidad local, totalmente accesible.
Kea te regala algo poco frecuente en las Cícladas: la sensación de que el paisaje, la historia y tu propio paso pueden encontrarse en un único recorrido. Deja que el sendero te guíe.
Información útil
- La ruta tiene unos 6 kilómetros, con salida en la cala de Otzias y llegada a Ioulida.
- Se considera de dificultad media, con tramos empinados sobre empedrado de piedra.
- Usa calzado de senderismo cómodo y lleva agua contigo, ya que no hay puntos de abastecimiento en el trayecto.
- Prefiere las horas de la mañana o de la tarde, especialmente en verano, para una caminata más fresca.
- El León de Kea se encuentra en un espacio abierto, sin horario de visita.
- Tras llegar a Ioulida, merece la pena explorar el castillo y el Museo Arqueológico de la isla.