Experiencia · Paros

Museo Bizantino de Ekatontapiliani

En el regazo de la Ekatontapiliani, el Museo Bizantino de Paros custodia siglos de fe, arte y cuidado humano.

Paros

Cruzas la solemne puerta de la Ekatontapiliani en Parikia y el bullicio del puerto se apaga a tu espalda. La luz cambia, se vuelve antigua. A la sombra de las alas del complejo paleocristiano, allí donde el mármol conserva todavía el frescor de la noche, se abre una pequeña puerta. Detrás de ella no te espera simplemente un museo. Te espera la memoria de toda una isla, reunida imagen a imagen.

Un templo convertido en arca

La Ekatontapiliani no es solo la iglesia de Paros. Es uno de los monumentos paleocristianos más importantes de todo el Mediterráneo, un templo que se mantiene en pie casi ininterrumpidamente desde el siglo IV. A lo largo de tantos siglos de culto, en torno al santuario se fue acumulando un tesoro: iconos, objetos litúrgicos, tallas en madera, reliquias que pasaron de mano en mano, de generación en generación.

En algún momento se hizo evidente que todos estos objetos no eran solo sagrados, sino también históricos. Alguien tenía que mirarlos con ojo de guardián, no solo de fiel. Y ese alguien apareció pronto, a principios del siglo pasado.

El párroco que se convirtió en coleccionista

La historia de la colección comienza con un hombre: el archimandrita y párroco de la Ekatontapiliani Georgios Fil. Skaramangás (1867-1944). Por iniciativa propia empezó a reunir las reliquias dispersas: primero las que llevaban siglos dentro del propio templo, después iconos que fue recogiendo, en su mayoría, de las iglesias de Parikia.

Imagínalo caminando por las callejuelas, entrando en las capillas, reconociendo bajo el humo de las velas una figura bizantina en peligro de perderse. La colección crecía sin cesar, unas veces por donaciones de los fieles, otras por su propia recolección paciente. Fue, en el sentido más real, un acto de rescate.

La arqueóloga y el primer museo

Hacia 1931 la colección encontró la forma que merecía. La arqueóloga pariana Irini Varucha-Christodulópulu (1896-1979) se encargó de organizarla científicamente. Así nació el primer «Museo Bizantino de Paros», instalado en las celdas de la planta baja del ala norte de la Ekatontapiliani.

Es un detalle que dice mucho de Paros: la isla que dio al mundo el célebre lychnites, el mármol translúcido de las esculturas antiguas, dio también a una de las primeras mujeres arqueólogas que cuidaron de su patrimonio bizantino. En 1936 el padre Georgios fue nombrado incluso conservador extraordinario de antigüedades, un reconocimiento oficial para un trabajo que había nacido del amor.

Una reliquia no se salva solo en una vitrina; se salva cuando alguien la mira como un legado para los que vendrán.Versión libre del espíritu de los primeros guardianes de la Ekatontapiliani

Silencio, y luego una segunda vida

Con la muerte del padre Georgios Skaramangás, el museo cerró. Los iconos se retiraron, las celdas enmudecieron. Ahí podría haber terminado la historia, como terminan tantos esfuerzos cuando falta la persona que los sostenía en pie.

Pero no terminó. Más tarde, durante el episcopado del recordado metropolita Epifanios, la colección se trasladó a tres celdas de la planta superior del ala sur del edificio y volvió a encontrar a su público. El actual Museo Bizantino, abierto a los visitantes, alberga una parte de estas reliquias de la Ekatontapiliani: prueba viva de que el cuidado, cuando pasa de generación en generación, nunca se pierde del todo.

Qué verás, qué sentirás

Te detendrás ante iconos bizantinos y posbizantinos, ante tallas en madera y objetos sagrados que en su día brillaban a la luz de las lámparas de aceite. Cada icono no solo lleva consigo la figura que representa, sino también su propio viaje: la capilla de donde vino, la mano que lo rescató, los ojos que lo veneraron.

Al salir, la luz de Parikia te golpea de nuevo, la misma luz mediterránea que ha bañado estas figuras durante siglos. Y comprendes que Paros no son solo sus playas doradas y su puerto cosmopolita. Es también este amor silencioso y tenaz por todo lo que merece la pena conservar. Ven a conocerlo; te irás más rico de lo que llegaste.

Información útil

  • El Museo Bizantino se encuentra dentro del complejo de la Ekatontapiliani, en el corazón de Parikia, a pocos minutos a pie del puerto.
  • Está instalado en el ala sur del edificio y presenta una parte de la colección de iconos y reliquias del templo.
  • Combínalo con la visita a la propia Ekatontapiliani, uno de los monumentos paleocristianos más importantes del Mediterráneo.
  • Se trata de un lugar de culto: se recomienda vestimenta apropiada y respetar el silencio del recinto.
  • Los horarios de apertura pueden variar según la temporada; conviene confirmarlos in situ o antes de la visita.
  • El recorrido por el Casco Antiguo de Parikia, con el castillo veneciano, completa de forma ideal una ruta cultural por la isla.
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