Experiencia · Naxos

El Kastro de la Chora (la Ciudadela)

Tras las puertas amuralladas de la Chora, una ciudadela veneciana sigue viva, respira y narra ocho siglos de historia de Naxos.

Naxos

Hay un momento, mientras subís por las callejuelas de la Chora y la luz decae, en que el bullicio del puerto se apaga a vuestras espaldas y, de repente, lo único que se oye son vuestros propios pasos sobre el empedrado. Cruzáis un arco de piedra y, sin previo aviso, os encontráis en otro siglo. Este es el Kastro de Naxos: no un monumento en ruinas tras una verja, sino una ciudad medieval viva que todavía se habita, que todavía respira.

El nacimiento de una ciudadela

En 1207, pocos años después de la caída de Constantinopla a manos de los cruzados, el veneciano Marco Sanudo desembarcó en Naxos y fundó el Ducado del Egeo, con capital precisamente en esta colina. Construyó su castillo sobre la antigua acrópolis, dándole una forma casi circular, en la que las propias mansiones señoriales hacían las veces de muralla exterior.

Durante más de tres siglos gobernaron aquí los duques francos. Dentro de las murallas vivía la aristocracia católica; fuera, en los barrios bajos, la población ortodoxa de la isla. Dos mundos, una sola ciudad — y esa convivencia ha dejado su huella en cada piedra.

Escudos heráldicos y mansiones silenciosas

Mientras camináis, alzad la vista sobre las puertas. Veréis escudos heráldicos de mármol tallados en los dinteles: los emblemas de las familias venecianas que ocuparon estas casas durante generaciones. Muchas de estas mansiones siguen perteneciendo a los descendientes de esas mismas familias, algo poco común en toda Grecia.

En el corazón del núcleo urbano se alza la Torre Glezos-Crispi, la única de las doce torres originales que se conserva intacta. Su imponente silueta funciona como una brújula: por muy perdidos que os encontréis en el laberinto de callejuelas, tarde o temprano volveréis a encontraros frente a ella.

El Kastro no se visita: se habita durante unas horas, y al marcharte sientes que has dejado algo atrás.Dicho popular de los naxios

Una fe tallada en piedra

El Kastro guarda en su interior la historia religiosa de dos credos. En el punto más alto domina la Catedral Católica Metropolitana, adornada con lápidas de nobles que también lucen escudos heráldicos. Un poco más abajo, la Capilla Casazza y pequeñas iglesias bizantinas recuerdan que la tradición ortodoxa nunca se apagó dentro de las murallas.

Aquí tuvo también su sede la célebre Escuela Comercial de las Ursulinas y los Jesuitas, donde estudió de joven Nikos Kazantzakis, un detalle que otorga al Kastro un lugar inesperado en nuestra mitología literaria.

La vista que justifica la subida

Al llegar a los límites de las murallas, el núcleo urbano se abre y revela la razón por la que Sanudo eligió precisamente esta colina. Abajo se extienden los tejados de tejas de la Chora; más allá, el puerto y la Portara, solitaria en su islote de Palatia; y detrás de todo, el mar cambiando de color según la hora.

El atardecer es el momento mágico. Mientras el sol se hunde tras el templo de mármol de Apolo, las piedras del Kastro se tiñen de dorado y naranja, y las callejuelas se llenan de una calidez que ninguna fotografía logra capturar.

Una memoria que sigue viva

Antes de marcharos, dedicad un rato al Museo Veneciano, alojado en una de las mansiones históricas. Muebles de época, documentos y reliquias recomponen la vida cotidiana de las personas que vivieron tras estas murallas, y convierten el recorrido de un simple paseo en un encuentro.

El Kastro de Naxos no es simplemente un lugar de interés; es la propia insistencia de un lugar en recordar. Ocho siglos después, las mismas familias, las mismas piedras, la misma luz. Y vosotros, durante unas horas, os convertís en parte de este relato ininterrumpido.

Información útil

  • Dónde: En el punto más alto de la Chora (ciudad) de Naxos; la subida se hace a pie desde el puerto antiguo, atravesando el mercado.
  • Acceso: Solo a pie: las callejuelas son empedradas y empinadas; se recomienda calzado cómodo.
  • Cuándo: Lo ideal es temprano por la mañana para disfrutar de la tranquilidad, o poco antes de la puesta de sol por la luz y las vistas.
  • Qué ver: La Torre Glezos-Crispi, la Catedral Católica, los escudos heráldicos de mármol en los dinteles y el Museo Veneciano.
  • Consejo: Es un núcleo urbano habitado; respetad la tranquilidad de sus residentes permanentes.
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