Hay momentos en la vida de un viajero en los que el cuerpo se cansa, pero el alma se llena. El ascenso al Kalamos de Anafi es exactamente uno de esos momentos: un sendero que pone a prueba tu resistencia, para recompensarte al final con una imagen difícil de olvidar. No es casualidad que, según el mito, la propia isla «emergiera» de entre las olas cuando Apolo la hizo aparecer para salvar a los argonautas de una terrible tempestad. Al subir hacia la cima, sientes que caminas sobre esa misma historia.
El comienzo: de Chora hacia lo desconocido
La ruta parte de Chora y las ruinas del antiguo Castelli, donde antaño se alzaba la acrópolis de la isla. Ya desde los primeros pasos, el paisaje cambia de carácter: los senderos de piedra dan paso a un relieve salvaje, casi lunar, donde el viento y la roca caliza han esculpido formas de siglos.
El camino asciende poco a poco, sin prisa, como si quisiera prepararte anímicamente para lo que viene después. El sonido de tus pasos sobre la tierra reseca se convierte en el único compañero en el silencio.
Kalokambos: el respiro antes de la cima
A medida que avanzas, llegas a Kalokambos, una meseta que funciona como una terraza natural sobre el Egeo. Aquí el tiempo parece ralentizarse. La mirada se pierde en el azul abierto, mientras el aire trae aromas de tomillo y tamarisco.
Es el punto donde muchos senderistas se detienen unos minutos, no solo para descansar, sino para tomar conciencia de lo lejos que han llegado —y de lo majestuoso que es lo que aún les espera.
El Kalamos: el segundo monolito más alto de Europa
La imponente roca del Kalamos, también conocida como el Monolito, se eleva abruptamente sobre el mar, componiendo una de las imágenes geológicas más impresionantes de las Cícladas. Se le considera el segundo monolito más alto de Europa, y su vista desde la distancia, con las nubes tocando muchas veces su cima, justifica plenamente su fama.
El último tramo del recorrido es el más exigente: más empinado, más pedregoso, con el viento arreciando a medida que te acercas a la cumbre. Cada paso aquí adquiere peso y significado.
El Monasterio de la Panagia Kalamiotissa
En la cima te espera el Monasterio de la Panagia Kalamiotissa, un edificio blanco construido sobre ruinas antiguas, en el lugar donde antaño se hallaba un santuario dedicado a Apolo Egletes. La convivencia del culto antiguo y la tradición cristiana en el mismo punto muestra cuán profundamente arraigada está la sacralidad de este lugar en la conciencia de los habitantes de Anafi.
Desde allí, la vista se extiende sin obstáculos hacia el mar de Creta. En los días despejados, la mirada viaja hasta las islas vecinas, mientras el mar bajo tus pies cambia de tonalidades, del azul profundo al turquesa, según la luz.
En la cima del Kalamos, el cielo y el mar parecen unirse en una sola línea infinita.Tradición de los habitantes de Anafi
Una experiencia que perdura
Al descender, cargas con algo más que el cansancio en las piernas. Cargas con el recuerdo de un paisaje que permanece intacto ante el paso del tiempo, de una vista que pocos tienen la fortuna de contemplar, y de una conexión con el mito que dio nombre a la isla. Anafi, a través de esta ruta, demuestra que la verdadera aventura en las Cícladas no necesita multitudes ni ruido; solo necesita disposición, resistencia y respeto por la naturaleza.
Información práctica
- Empiece temprano por la mañana, antes de que arrecie el calor, idealmente al amanecer.
- Use calzado de senderismo cómodo y cerrado: el terreno es pedregoso y resbaladizo en algunos tramos.
- La ruta dura entre 3 y 4 horas ida y vuelta, según su ritmo.
- Lleve agua abundante, sombrero y protector solar, ya que no hay sombra en la mayor parte del recorrido.
- Evite el ascenso en días de vientos fuertes, especialmente en el último tramo, más escarpado.
- A principios de septiembre se celebra la fiesta de la Panagia Kalamiotissa, con una romería que atrae a lugareños y visitantes.