Subes por la carretera que trepa por las laderas orientales de Naxos y, en torno a los 600 metros, el aire cambia. Se vuelve más puro, huele a tomillo y a piedra. Ante ti aparece Apíranthos —o Aperathou, como la llaman los lugareños—, un pueblo entero construido en mármol, con callejuelas empedradas con losas que brillan al sol como si el tiempo mismo las hubiera pulido.
Aquí, entre torres venecianas y pasajes abovedados, late un corazón que muy pocos pueblos de las Cícladas conservan aún vivo. Y en medio de este paisaje de piedra, un pequeño museo folclórico mantiene a buen recaudo su memoria.
Un pueblo que recuerda quién es
Apíranthos no se parece a ningún otro pueblo de Naxos. Sus habitantes, cuyo origen se remonta, según la tradición, hasta Creta, todavía hablan su propio dialecto, con palabras que no se oyen en ningún otro lugar de la isla.
Es un pueblo de eruditos y poetas, de pastores y canteros de mármol. Un lugar donde la tradición oral —el canto, el verso improvisado, los kotsakia— no es folclore para turistas, sino el lenguaje cotidiano del corazón. El museo nació precisamente de esa conciencia de sí mismo: la necesidad de un pueblo de no perder su propia identidad.
Dentro de las salas de la vida cotidiana
Cruzas el umbral y el tiempo retrocede. En las pequeñas y frescas salas te esperan las herramientas de una vida dura y orgullosa: telares con tejidos a medio hacer, trajes hechos a mano con ricos bordados, utensilios de cobre del hogar, herramientas del campesino y del pastor.
Ves las llaves y cerraduras de madera de las casas antiguas, los motivos textiles que cada familia consideraba propios, los objetos de la boda y de la fiesta. Cada pieza lleva consigo un gesto: la mano que la hizo, la mano que la usó durante décadas.
No es una vitrina con etiquetas. Es el retrato fiel de cómo vivían, trabajaban y festejaban las gentes de esta montaña, antes de que la carretera y la electricidad llegaran a las alturas.
La montaña como maestra
Para entender las piezas expuestas, basta con mirar por la ventana. Apíranthos se alza al pie del monte Zas, la cima más alta de las Cícladas con 1.004 metros, allí donde, según la mitología, creció el propio Zeus.
Este entorno montañoso y pedregoso lo modeló todo: las terrazas que retienen la tierra en las laderas, la graviera y la carne de los rebaños, los pesados tejidos de lana para los duros inviernos. Apíranthos fue también un pueblo minero: las minas de esmeril cercanas abastecieron durante siglos a la isla con uno de los materiales más duros de la naturaleza. El museo del pueblo es, a su manera, la biografía de esta relación entre el hombre y la montaña.
Una tradición de salvaguarda
Apíranthos se ha distinguido en Naxos por su afán de conocimiento. No es casualidad que en este pequeño pueblo funcionen más de un museo —folclórico, arqueológico, geológico, de historia natural— nacidos del esfuerzo de gente del lugar que donó colecciones, saber y tiempo.
El folclórico, en particular, se erige como un acto de amor hacia los antepasados. Cada uno de los objetos se salvó porque alguien se negó a tirarlo, a dejar que se perdiera junto con el mundo que lo vio nacer. Al caminar entre ellos, no visitas simplemente un museo: te conviertes en testigo de toda una comunidad que luchó contra el olvido.
En Apíranthos, la memoria no se guarda en vitrinas; habita en la propia piedra de las casas.Dicho popular de Naxos
De vuelta a las callejuelas
Cuando vuelves a salir a la luz, el pueblo te parece distinto. Los empedrados de mármol, los cafés con los ancianos charlando en el dialecto, el sonido de un violín que escapa por una ventana abierta: todo adquiere profundidad.
Porque el verdadero museo de Apíranthos es la propia Apíranthos: un pueblo vivo que, en lo alto de la montaña de Naxos, sigue recordando de dónde viene. Y te muestra, generosamente, lo que significa que un lugar permanezca fiel a sí mismo.
Información útil
- Dónde: Apíranthos (Aperathou), C.P. 84300, Naxos — a unos 26 km de Jora, en las laderas orientales de la isla.
- Acceso: En coche por la carretera de montaña Jalkí–Filoti–Apíranthos; autobuses regulares del KTEL conectan Jora con el pueblo.
- Teléfono de contacto: 22850 61361.
- Bueno saber: Los horarios de apertura pueden variar según la temporada; conviene llamar con antelación.
- Combínalo con: Un paseo por las callejuelas de mármol, una visita a las torres venecianas y una subida hacia la cueva y la cima del monte Zas.
- Calza: Zapatos cómodos: los empedrados son hermosos pero resbaladizos.